domingo, 24 de enero de 2016

Regreso al futuro

El titulo del presente articulo resulta engañoso, pues no me dispongo a mencionar mas allá del primer párrafo la formidable película de Robert Zemeckis, pero el eje argumental que sugirió tan acertado titulo viene de perlas para enfrentarnos desde los créditos iniciales (si me apuran) a la bochornosa séptima entrega de la saga Star Wars. De hecho, el titulo completo iba a ser Regreso al futuro, o cómo los Clones no se dejan ver tras el Imperio.
No voy a detallar de nuevo en estas líneas la lista completa de las afrentas por las que jamás será perdonado J.J.Abrams[1]. Me interesa centrarme en una en particular, que no ha suscitado polémica alguna, aunque fue la única capaz de provocar una conmoción en la Fuerza desde la emisión del primer trailer de la película y hacerme sospechar del buen hacer de este hombre (y la compañía que le contrató, Disney), que de rebote ha demostrado nuevamente que la democracia es un instrumento de lo más indecoroso en manos de quienes se aprestan a aplaudir cualquier mierda proyectada en una pantalla. Para que luego digan que la corrupción[2] sólo afecta a los políticos.
A tal fin he de mostrar mi total desacuerdo con una de las primeras críticas que le llovió a El despertar de la Fuerza: a mi modo de ver, ese aire kitch denunciado en la ornamentación no es más que pura congruencia (casualidad también). A saber: el estado de la materia (y de la construcción[3]) en el Retorno del Jedi es el mismo que en El despertar de la Fuerza, reflejo de un pasado imperial que se vislumbraba en la última escena del renacido Vader en La Venganza de los Sith, y que se recoge en los siguientes tres capítulos como muestra de una corriente arquitectónica absolutamente consolidada. Personalmente, aquello a lo que no pocos tildarían irónicamente como un regreso al futuro no hizo otra cosa que catapultarme de vuelta a mi tierna infancia, a las tardes de domingo en casa de mi tío donde disfrutaba con mis hermanos y primos de las andanzas de Luke y compañía. Aquella galaxia muy lejana, en cuyos edificios, recovecos, cantinas y transatlánticos estelares me encontraba tan a absorto, seguía siendo la misma: el Mal se presentaba radiante, pulido, pulcro, cromado y ordenado, con una estética geométrica que articula pasillos relucientes por los que desfilan en perfecta formación tropas de asalto y transitan soldados con uniformes inmaculados y planchados a conciencia. Mientras tanto, hoy como ayer, las fuerzas del bien son escasas, están sucias y confusas, y sin pertenecer a ejército alguno uniformado los protagonistas se pasan toda la película con el mismo atuendo a cuestas. Quizás esta sea la razón por la que soporté estoicamente, en la oscuridad de la platea, la debacle de un hito de la cultura moderna. Sin embargo, fuera de la sala la luz del pasillo confirmó mi temprana corazonada…
El verdadero Mal siempre oculta su rostro. Lo cual lo hace aun más temible. El Reverso Tenebroso que habitó en Darth Vader también se ocultaba tras los rostros idénticos de sus tropas imperiales. Bajo la doctrina del miedo, sobre los hombros de esos infantes de marina recaía la pesada carga de gobernar el Imperio a pie de pista. Representaban la semilla del mal, de la que tanto el joven Anakin como el Emperador Papaltine se aprovecharon para esparcir las esporas del terror por toda la galaxia hasta el final del capituloVI, cuando la Orden Sith y su tiranía maléfica quedan extinguidas… Es de suponer pues, que un ejercito de clones que acatan ordenes sin cuestionarlas (subordinado al poder político) volvería a reagruparse bajo el escudo de la República, que para empezar fue su primer valedor en el campo de batalla, ejecutando el rescate de Obi-Wan, Padmé y el propio Anakin (todavía Jedi en funciones), así como sofocando el primer conato serio de rebelión de la Federación de Comercio (lo cual dio lugar a las cacareadas Guerras Clon). ¿Y dónde coño está ese ejército ahora? Con tamaño numero de clones dispuestos a morir sin la menor objeción, la República, o aquellos que representan sus valores, jamás se hubiera convertido en la minúscula pero aguerrida resistencia que en El despertar de la Fuerza emula a los rebeldes de Una nueva esperanza. ¿Dónde coño ha ido a parar toda su flota y artillería, diseminada por toda la galaxia con la consecuente caída de la segunda Estrella de la Muerte? ¿Acaso les concedieron la licencia ipso facto en una amnistía generalizada azuzada por el horror militarista causado? ¿Los devolvieron a la fábrica antes de agotar el tiempo de la garantía? ¿Fue la muerte de Jango Fett la que rompió el molde y ahora mismo hay decenas de millones de viejos idénticos dispersos por la galaxia contando batallitas de su paso por la mili? ¿Sería probable que la Primera Orden se hubiera hecho con sus servicios ofreciéndoles abonos gratuitos para las carreras de vainas? Y a este respecto, ¿con tanto supuesto clon a sus órdenes, de verdad anda tan jodida de personal que se ve en la obligación de programar fetos para que desempeñen las mismas funciones que un clon cuyo crecimiento se puede incrementar? ¿Ha cerrado la fábrica de clones? ¿Y quién cojones es el diseñador de sus uniformes que ha calcado el patrón de la República?
Comprenderéis que tras estas consideraciones, después de tanta pregunta sin respuesta, de donde sale la Primera Orden, o el Teleñeco que la preside, es insustancial sin reconocer que el ejército encargado de expandir sus dominios lo componen millones de soldaditos vestidos de blanco y que al memos a mí no me han dado una buena explicación de su procedencia. Lo siento, pero enrolarme de nuevo en la nave de fanáticos de la serie sin esclarecer esta circunstancia se me antoja imposible. Está la economía como para que ni un solo euro del precio del entrada pague ni la milésima parte del sueldo de un director-guionista que bajó al chino de al lado de los estudios a fotocopiar el guión de una película que vi hace 34 años[4].












[1] Casualidades de la vida (o no), el mismo director del capitulo VII quiso avivar el extinto fuego de los Goonies rodando una película que no significó otra cosa que la pifia que auguraba la mierda que ahora nos ocupa, motivo por el cual creo que decidió copiar descaradamente el capitulo IV antes de perpretar una pésima versión del mismo para Diciembre de 2015 y bañarse en la misma gloria que obtuvo con los nuevos Goonies. ¡Pues te has lucido, chato! Te ofrecen el encargo de tu vida y lo único que se te ocurre consiste en elevar a su máximo descrédito el arte del corta y pega

[2] Tal vez el presente contexto no soporte bien un termino tan genérico. A lo mejor se entiende mejor lo que quiero decir llamándolo gregarismo.

[3] Sino a qué coño viene la construcción de otra Estrella de la Muerte.

[4] Y aquí va un avance-teoría de lo que pasará en la octava entrega: la capitana de las Fuerzas Imperiales presentes es la madre* de Rey, seducida por el lado oscuro tras haberla concebido con Luke (y no por obra del Espíritu Santo como Anakin, que tuvo cojones la cosa… Bueno, creo que no), lo cual desvela la insensatez del único Jedi vivo por aquel entonces, que a imagen y semejanza de su padre se pasa el celibato impuesto en la orden, cómo no, por el forro de los cojones. De cualquier forma, en su caso tal desliz se puede perdonar, pues tampoco queda muy claro si Luke se convierte en Jedi o no: según Yoda, no ha completado su entrenamiento. Según Obi-Wan, sólo enfrentándose a su padre lo conseguirá. ¿Quién coño se cree que es Obi-Wan para contradecir al maestro de maestros? Además ni siquiera fue su tutor. Ese titulo lo ostentaba  Qui-Gon Jinn, quien sabia desde el principio que la profecía era cierta y que Anakin seria el Jedi que devolvería la paz a la galaxia, lo cual queda rubricado de manera explicita en el título el capitulo VI, El retorno del Jedi. Chavales, los caminos de la Fuerza son inescrutables.

*Cuya aparición, por lo visto, data de los universos expandidos, tales como comics o series de dibujos animados, que no se encuentran sujetos en modo alguno a la trama central y matriz de las películas, lo cual no tiene pies ni cabeza si no eres un friki incapaz de conciliar el sueño, preguntándote cada noche al mirar las estrellas qué habrá sido de los Ewoks o de Lando Calrissian.