viernes, 21 de agosto de 2015

DESDE LA BARRERA

Jamás me he declarado abiertamente anti-taurino, entre otras cosas porque entiendo que los animales ostentan los derechos que decidimos otorgarles y ni uno más. Lo digo como lo siento, chavales, a sabiendas de que el anterior párrafo incendiará los ánimos de numerosos colectivos, porque, por otro lado, me encantan las hamburguesas, las chuletas, y el entrecot..., y si dios o quien quiera que fuese nos dio a entender que una vaca está ahí para que nos la zampemos, ¿quiénes somos nosotros para contradecir su infinita sabiduría? ¡Qué se le va a hacer!
Bueno, el caso es que cada vez le veo menos la gracia al hecho de que la afición disfrute de la tortura y muerte de un animal en una manifiesta inferioridad de condiciones; y lo que aún entendía menos hasta antes de ayer es que a eso se le llame arte (pero, claro, a estas alturas el arte puede ser cualquier cosa, incluido un estofado de albóndigas). Resulta que la tauromaquia se enrosca en cada uno de los capotazos con los que el diestro engaña a la muerte. La grandeza del toreo radica en mirar cara a cara a la desgracia y despacharla con una verónica entonces, y un natural después. Ante su animal empuje, la esencia de ese arte es su inevitable tragedia: lo que viene siendo que de vez en cuando se haga efectiva esa tensión entre la burla y la vida y la palme algún que otro maestro en mitad del ruedo[1].
De esta manera podría decirse que el público de la corrida ha sido convocado por la misma muerte, aunque ella no haga distinciones y el desenlace de la tarde sea incierto a priori.  Sinceramente, celebrar algo similar y que te toque torrarte en el tendido de sol durante dos horas, se me escapa.
Si el toro es manso y no está por la labor de ofrecer esa terrorífica pulsión, no presenta batalla y no le apetece morir ni a matar a nadie, y si el diestro no es capaz de hacerle cambiar de idea y que colabore en su propio final, no le queda al pobre animal ni la vergüenza de ser mutilado para regocijo de su Terminator, arropado desde la grada por un manto de pañuelos blancos. Pensándolo detenidamente, es jodidamente desquiciante.Y poco más queda por decir al respecto de una liturgia que se repite en cada alternativa de cinco a siete de la tarde.
No menos ridícula me parece la retransmisión diaria del encierro de los san fermines. Sólo evidencia lo que ya hemos descrito: la capacidad de la audiencia para esperar lo peor, y sus previsibles y afectados lamentos ante quienes besan la acera con un asta metida por el culo. La siniestra holografía es idéntica y pasea delante de nosotros con idéntica soltura.
¿Acaso pensáis que son una minoría los que siguen perpetuando tan noble tradición a lo largo y ancho de la piel del toro? Durante el verano, toda la geografía nacional se encuentra salpicada por ejemplos calcados, de este o aquel pelaje, y, quizás, bueno, de hecho no comprendo del todo lo que supone tal desafió personal sin embutirme en un traje de luces o atarme un pañuelo al cuello, pero creo que no me equivoco si os aseguro que quienes pagan su entrada o se agolpan en los balcones tampoco lo han sentido en sus carnes. A lo mejor no les vendría mal saber qué se siente cuando tu negocio es la muerte y esta se convierte en una fiesta. Que los toros se ven muy bien desde la barrera. ¿A que si?
Bueno, gente. Hasta aquí por hoy. Para otra ocasión dejamos el tema del trasiego sexual en la calle Estafeta y aledaños, que para el caso es como el porno, que nadie admite verlo, o como Tele5: la mayoría de la gente a la que con los años he preguntado por qué sigue sintonizando este canal me ha respondido lo mismo: les divierte, les relaja y no les hace pensar mas que en lo que aparece en la pantalla.
Pues eso.







[1] A cuantas más cogidas sobreviva un diestro, mejor, ¡el delirio!, la gloria cosida al escrotro centímetro a centímetro, remendada con las propias tripas. La plaza siempre rinde honores al tipo que ha cruzado la frontera y vuelve por más.

lunes, 13 de abril de 2015

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL FÚTBOL MODERNO

No sé a quién se debe el cuño de tal término, y es verdaderamente intrascendente investigar demasiado al respecto cuando desde sus inicios, y salvo por alguna que otra patochada reglamentaria de la FIFA o UEFA, el fútbol sigue siendo esencialmente el mismo desde sus orígenes.
Lo que el fútbol moderno tiene de moderno es el auge imparable de los parásitos funcionales (o agentes propagandísticos, según se mire) que se aprovechan de su existencia para erigir la suya propia como parte activa y protagonista (cada uno lo consigue en mayor o menor grado) del llamado deporte rey. Y si lógica era la tentación de árbitros y jueces de línea, que como actores secundarios tienen por lo menos parte y razón en sus pretensiones (aunque justamente ignorados por el juicio de una historia, la balompédica, que sólo reconoce a los ganadores del trofeo en liza), tan absurda como decididamente trágica y demoledora ha sido la presencia en escena con las mismas intenciones de una jauría de periodistas deportivos de corto alcance, de chismosa condición y ética y rigor escatológico, amparados en su derecho al mercantilismo informativo, la tribulación y el histerismo, pagados de sí mismos y por las mismas productoras que se encargan de retransmitir el día a día y uno por uno todos los pedos del jugador en la picota. Por lo visto, es lo único que sabe hacer la gran mayoría de estos chupocteros, ya que, irónicamente, son los propios implicados los que les sirven la noticia en bandeja de plata: el fútbol moderno se articula en torno a la captación sistemática de toda imagen posible y a la levedad de su uso y abuso, técnica que convierte a cualquier periodista en simple y común tele-espectador, debido a lo cual su injerencia profesional ha dejado de articularse en torno a la realidad para transformarse en la ponencia de cuatro charlatanes que debaten sobre sus respectivos puntos de vista. ¿Y qué sucede cuando transformas la realidad en opinión y la opinión en propaganda, y la propaganda es aceptada como esa realidad (o al menos es lo que se pretende)? Por que si así es el fútbol moderno al amparo del Gran Hermano Tecnológico, el viejo fútbol escrito y radiado no se queda a la zaga: instrumentalizado por facciones políticas y de opinión procura la pizca precisa de odio e indignación con la que se manifiestan quienes detentan los medios de masas para amplificar su voz, su verborrea, su cacofonía informativa y ánimo de tergiversar cualquier declaración que encaje con sus titulares y casposa editorial. No hay más que escuchar las payasadas con las que son acribillados jugadores y entrenadores en cada rueda de prensa para darnos cuenta de que, en este país, la educación sigue siendo un privilegio en lugar de un derecho.


Todo esto es el fútbol moderno, y nada tiene que ver con el deporte.

lunes, 5 de enero de 2015

TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL PORNO PERO NUNCA SE ATREVIÓ A PREGUNTAR.

¿El porno es arte?

El porno, como la música y otras disciplinas artísticas, es mejor disfrutarlo que escribir sobre ello. Pero como advertí en mi anterior articulo PORNO, se quedaron al margen un par de ideas bastante aprovechables después de horas de documentación, así que allá vamos de nuevo (no temáis, otro día os ofreceré, entre otras, mis notas sobre la deflación que lleva décadas sufriendo Japón y el revés del sistema de micro-créditos en la India, temas en los que seguramente tenéis un profundo interés).

Con toda seguridad, tratándose de porno una cuestión redundante sería, por ejemplo, preguntarnos qué es el cine o cuál es su cometido (¿tiene más de uno?). Porque el cine porno es CINE, ¿verdad? ¿O se trata únicamente de una experiencia, la de mirar? Y en ese caso, ¿qué pasa cuando la experiencia vinculada a su objeto se convierte en acción? ¿No es arte? Y si el arte fuera un sistema de comunicación donde no hay cabida para la representación, ¿qué comunican una naturaleza muerta o un bodegón?
Al menos, para algunos, su incomoda presencia en las carteleras quedó neutralizada por su exilio al video y su expansión en la red, todo lo cual no fue sino una forma de adaptarse a un formato que hacia mas lógico el atractivo de su propuesta en la intimidad de la casa de cada uno. Entonces, ¿el CINE es una celebración colectiva o no? ¿Necesita de un estreno público? ¿Necesita público?[1]
Al fin y al cabo, todo cine aspira a que la vida lo imite y viceversa. El arte no vale para nada y el porno cumple con esa regla, donde la última palabra la tienes tú.
Por otra parte, mi amigo R. Manzano suele decir que el arte es la habilidad de transformar algo vulgar en sublime. Y está claro pues que existe cine bueno, cine malo y cine peor. El retrato de una felación habla de un momento eterno en el que la voluntad y su entrega es total. El video no es más que la constatación del movimiento, el paso del tiempo. El video solo capta lo trágico de la vida, su fugacidad e imperfección. Al mismo tiempo vuelve todo más real dentro de la pantalla, donde cualquier defecto se inclina ante el perfecto deseo: la dimensión artística del deseo es que el deseo no se puede satisfacer, lo matas y deseas de nuevo, y esa es su razón de existir.
Los hombres (quizás los mayores consumidores de porno incluyendo el gay) somos animales visuales concentrados en lo que hacemos en ese momento y no en lo que significa. Que el porno como representación artística te parezca machista es algo subjetivo, como subjetiva es toda percepción del arte. Para empezar, todo lo que se rueda en el Valle de San Fernando, California, es porque tiene un mercado. El negocio prolifera porque tiene un público al que se debe. Así que cualquier intento de traspasar tu indignación y dignidad como mujer a una actriz porno queda invalidado por la incompatibilidad de vuestras actividades profesionales.

Entonces, ¿el porno es machista?

El porno es un producto hecho por (supuestamente) hombres para, presuntamente, satisfacer a hombres en la que se utiliza una imagineria por la cual son las mujeres las que desean satisfacer a los hombres en un mundo donde las circunstancias no suelen ser muy parecidas. ¿Dónde está el machismo aquí si además las chicas son actrices interpretando un papel?[2]
Teniendo en cuenta además que en cada producción las actrices porno se reparten mayores beneficios que sus homólogos masculinos (obligados a eyacular para cobrar), resulta aventurado calificar a la industria del porno como machista. De hecho, es un negocio con una alta tasa de paro masculino. ¡Fíjate que los espadas son los mismos siempre! Según los datos de Freeones, desde 1998 hay censadas 11236 actrices porno en todo el mundo, de las cuales sólo 5176 son oriundas de EE.UU. Es como para pensárselo dos veces si estas buena y te gusta el boom-boom. A ver, nombrad al menos 20 actrices americanas del llamado cine serio que hayan hecho algo en los dos últimos años. Luego dime 10 españolas. Incluso países como Irán, Bhutan, Israel, Jordania  y Arabia Saudí tienen sus estrellas del cuadrilátero.
He llegado a la conclusión de que si una mujer piensa que su amiga se comporta como una fulana porque le encanta acostarse con cualquiera cuando le da la gana, y se hincha, no sería muy difícil aventurar que para ella un tío es un machista porque le gusta masturbarse consumiendo porno[3]¿Esto le convierte también en un machista en los demás ámbitos de su existencia?
El porno es la ilusión del control absoluto y de la toma de conciencia de ese poder que no se detenta. Los hombres somos esclavos de lo que vemos y las mujeres esclavas de lo que sienten. La noción de infinito es incomprensible. Hay tantas chicas haciendo porno que lo único que se me ocurre pensar es por qué no hay más.

¿Acaso no le gusta el porno a las mujeres?

Seamos sinceros, la mayoría de las mujeres no tienen problema alguno en desnudarse, tienen problemas de conciencia. En cualquier barra de un bar, normalmente, la forma en que las mujeres ejercen el poder que transfieren en el porno no es activa, sino pasiva

Bueno, pero porno es lo que todos hacemos en el dormitorio. ¿No?

El amor se hace de muchas maneras cuando quieres a tu pareja y te preocupas por ella.
Creo que una buena respuesta a esa pregunta es aquel dicho que reza si empiezas haciendo el amor y no acabas follando, algo estas haciendo mal. Seguid intentándolo.








[1]El cine español y subvencionado es una muestra de que no.

[2]Escucha españolito bienpensante: ¡la que se puede liar como te enteres de que a la mayoría les encanta su trabajo!

[3] No vamos a hablar aquí del tema tabú por excelencia de la sexualidad femenina: a saber, la masturbación, lo que incluye porno opcional;  follar lo que incluye practicar el porno; sexo anal, que incluye una de las derivaciones del practicar porno.