sábado, 23 de agosto de 2014

MODERNAS DE PUEBLO

En Lavapies se distinguen fácilmente tres grupos demográficos principales: árabes, gente de color, y modernas de pueblo[1], las cuales son testigos de excepción y certifican la existencia de los anteriormente mencionados en un irremediable ejercicio referencial extrapolado a sus viajes al extranjero.
Estas modernas de pueblo se amparan en el marco de la pregonada y pretendida multiculturalidad para trajinar sin miramientos con las vicisitudes de cualquier autóctono en su país de origen, porque claro, a ver cual creéis que va a ser la excusa de que le haya salido ese herpes en la boca cuando aterrizó en Barajas sino es porque le pareció un mandamiento de obligado cumplimiento probar la delicias locales y más cuando se aburría como una ostra en la barra de un bar rodeada de la misma gente que se cruza por Lavapies[2] cuando se dispone a compartir con sus compis en una terraza la botella de Lambrusco[3] que reposa en la cubitera para el champagne. Lambrusquito e historias para no dormir. A esto se le llama descontextualización, que es cuando haces fuera de tu ambiente natural todo lo que jamás se te ocurriría hacer en tu entorno habitual, ya sea disfrutar de las facilidades de un desconocido, aunque sea por aburrimiento[4], o beber vino barato, aunque te sobre el dinero y mires para otro lado cada vez que pegas un sorbo.
Lo que quiero decir con todo esto está muy claro: estoy convencido de que para las modernas de pueblo el único grupo demográfico relevante que existe en y por Lavapies es el suyo, y luego, si acaso, el servicio: gays[5] sirviendo barras; y después, paisanos en chanclas y camiseta[6]. Pero en contra de su voluntad… No, seamos justos,… en contra de sus pretensiones, con cada árabe o tipo de color que se llevan a la cama cuando visitan sus respectivos países de origen, se materializa, aunque de manera solapada, la inexistente multiculturalidad que nos quieren hacer colar desde frentes y mentes dispares columnistas acodados en la barra de un gastro-bar afterwork, politiquillos subidos al carro de la indulgencia mesiánica y la mano de obra barata, articulistas concienciados del postureo más extremo y las sandeces más absurdas, auto-canonizados caudillos exentos de cualquier atisbo de auto-crítica al frente de variopintas asociaciones en pro de la integración, sociólogos con la imperante y ridícula necesidad de congeniar su cátedra desfasada con la corrección política imperante, etc., etc. Gracias, modernas de pueblo. Gracias a vosotras, y sólo a vosotras, la utopía… toma… cuerpo.




[1] No quiero olvidarme, y por ello dejar de mencionar, a las cacatúas de toda la vida, que de todas maneras no conforman grupo demográfico alguno, sino fósil.

[2] Se cruza es la expresión adecuada para estas modernas que, sin embargo, pertenecen al Uptown.

[3] Sin saber o no querer enterarse de que se están metiendo para el cuerpo litro y medio de Don Simón italiano con casera, embotellado y servido bien frío.

[4] Y aunque sea español. Otra alternativa, jamás una reseña nacionalista (aunque entiendo que menos exótica y por ello mismo devaluada). ¡Hasta ahí podríamos llegar!

[5] Término empleado por las aludidas dentro de los confines del Distrito Centro y aledaños.

[6] Espero que un día de estos alguien reúna el valor para penar por ley chanclas y asfalto. Respetaría profundamente una artimaña tal esgrimida por cualquier moderna de pueblo que prefiera darse una alegría en cualquier otra parte y con cualquier otro antes que tragar con tal desatino.