viernes, 8 de febrero de 2013

EL RUIDO LA FURIA Y LA MIERDA


No me interesa el lujo. No me importa el dinero: nunca he tenido suficiente y nunca tendría bastante para pagar mis vicios. No le des más vueltas; siempre he estado del lado de Robin Hood, sé que cualquier prostituta es más sincera que la hija a la que das de comer. A ti, te falta vergüenza, y a mí, me sobra talento para entender que no hay nada que demostrar, que por encima de tu hombro sólo está tu espalda. Tu sitio no es este. Te juzgo en silencio con mis manos calladas y escribiendo sin alzar la voz a los ojos que continúan leyendo. No das el perfil. En el Templo queremos gente que de la cara... Y que haya arrojado a los poetas de opereta por el barranco de su pena cantada y que no crea más en las palabras editadas y en los editoriales y pancartas y en calaveras de carnaval y cervezas de lata.
No entendéis nada de lo que os digo, así que escuchad bien: soy el anticristo que te casó soy el cáncer deformado de tu hijo soy la noche que se echa encima yo soy si tú eres quien sigues siendo tu sombra callada y paciente que desaparece yo, surco de tus arrugas con mirada profunda y cansada soy un accidente de la historia que no entiende el tiempo porque el fin siempre espera y sé que puedes olerme a kilómetros de distancia y me voy a poner bien guapo para el funeral de tus padres, total, ¿quién dice que en un velatorio no puede uno echar un buen truño de punta en blanco?
Anda y que os den... las buenas noches, benditos, y malditos.