miércoles, 4 de abril de 2012

ABRIL

Ya está aquí la semana santa, y el diluvio universal que amenaza con aguar la fiesta a los feligreses. Abril, que no respeta nada. Las procesiones y el cine bíblico invadirán todos los canales durante los próximos siete días. Las multitudes se agolparán en el margen de las aceras aplaudiendo, gritando a la virgen a su paso, “¡Guapa!”, arrojando claveles a sus pies. Las religiones engendran a los fanáticos más peligrosos y no hay fanático más peligroso que el temeroso de Dios. ¡Timoratos! La religión se ha transformado en un asunto de superstición: más miedo que vergüenza. No creo en el sufrimiento de los costaleros. Como para fiarse de alguien que acepte como penitencia cargar con un tanque. Esto es idolatría y estos son los idólatras. Todo lo demás es puro folclore. Resumen de la situación: la parroquia espera una aparición, no un discurso. Cada año repasamos el santoral. Olvidamos que los milagros no existen. Cualquier cosa es más sincera que el cristianismo practicante en éste país: una vida laica y una devoción pública. Un ejemplo sin sujeto ni predicado. Pero vamos; no dramaticemos uno de los principios de estupidez que tan distraídos nos mantiene.