sábado, 17 de marzo de 2012

AQUÍ, Y AHORA

El pasado no cuenta.
El presente es incierto.
El futuro no existe. Es una ilusión. Es el pasado del que hablan los ancianos al repasar su vida y que imaginábamos para nosotros. No existen líneas temporales. La tradición oral tuvo una importancia crucial en la construcción del falso futuro, de un presente que se suma y sólo comporta el pasado.
El único futuro que puede conocer la experiencia es la muerte. Y la muerte puede llegar hoy, sin avisar, en un presente desconocido. Bien sabe La Muerte que a nadie le espera el futuro.
La palabra que más ha contribuido a hundir en la miseria al ser humano es PROGRESO. Eso que nos prometía un futuro mejor. Si fuéramos un poco más conscientes de nuestro propio destino, comprenderíamos que el tiempo es tan sólo la cuenta atrás hacia la extinción.
Nacer para morir. Todo Lo demás es empeorar. Y recordar.
¿Qué futuro recordaremos cuando somos la primera generación que vive peor que sus padres? El progreso nos ha convertido en parados, prejubilados, en rentistas adelantados de las migajas que puedan dejarnos.
Este es el Templo De La Destrucción, y no voy a contarte mentiras. No sé por qué no se os mete en la cabeza una cosa: no va a haber una revolución. La poesía recuerda a los héroes; las canciones hablan del espíritu de los tiempos. Pero si no te duelen las manos, ¿cómo esperas cambiar el mundo? Que sí, que las margaritas pueden hacer que los fusiles se queden mudos, pero sólo la sed y el hambre, y no las buenas razones ni tu indignación infinita, prenderán la mecha de la revolución.
¿Dónde están todos aquellos que pretendían cambiar el mundo? Reagrupados en el olvido. En el presente. Ayer, hoy día, mañana y pasado. Porque no hay futuro. Y es algo de lo que no se enteran.