sábado, 7 de agosto de 2010

EL RECICLAJE IMPENITENTE

Porque la fe es una cuestión de la arquitectura del alma, Justo Gallego anda construyendo su catedral en Mejorada Del Campo valiéndose únicamente de materiales reciclados, como si para un hombre santo en la argamasa del templo la culpa y su penitencia tuvieran más peso que la doctrina.
Y seguro que el bueno de Justo está más cerca de Dios que cualquiera de los mierdas que nos gobiernan y nos han hecho pagar dos veces por su negligencia. Primero, ocultando durante décadas el hecho de que el planeta nos va devorar como Saturno a su hijo para a continuación, y una vez ordenado el progreso y verificada su rentabilidad, hacernos cómplices en la expiación de su culpa, para lo que han cultivado entre tanto estiércol el mantra del nuevo milenio: el reciclaje.
Mientras nuestros gobiernos intentan concienciarnos, el ejemplo de Justo debería darnos ánimos para levantar más catedrales, miles de ellas, en serio, por todo el mundo, lugares de culto de todas las confesiones. Y que digo miles...¡millares tendrían que ser! El día del juicio final va a pillar a la mitad de la población mundial haciendo lo que no debe (¡eso espero!); y la otra mitad va a abarrotar las iglesias. Y todos nos daremos cuenta de que el mundo no giraba hasta entonces lo suficientemente rápido para esparcir su mierda por el universo.
Así que no os preocupéis por el orden cosmológico. El día que nos tengamos que ir todos a...la mierda San Pedro no va a tomarte la lección para comprobar si tiraste la basura en el contenedor correspondiente.
Peca fuerte y cree más fuerte, decía Martin Lutero; y yo sé que no eres una mala persona pero te has quedado al margen de todo durante toda tu vida y estás convocado para jugar de titular en la Liga del Fin del Mundo y comprender y hacer entender los inmortales versos de Jorge Manrique en donde la muerte nos alcanza a todos por igual, políticos y chusma de la misma calaña incluidos.
Yo no he reciclado ni pienso hacerlo en mi vida. Y si estás conmigo, al final de los tiempos la voz de los anónimos atronara como la justa banda sonora del fin del mundo.